Lo de siempre

Viernes por la tarde, acabar de trabajar, coger el coche, 2 horas y media de cola, descargar las maletas, ir al super, comprar: pan con gluten y pan sin gluten, embutido, hummus, tomate, ¿aceite?, patatas fritas y croissants rellenos de chocolate, cenar, ponerse al día (¿qué tal?, ¿cómo va la mudanza? ¿y las citas? ¿qué tal el curro?), irse a dormir pronto, despertarse a las 10 (o a las 11), desayunar, salir de casa, encargar dos pollos y medio, ir a la playa, tomar el sol, bañarse en el mar, quejarse de lo revuelta que está el agua y de lo caro que se ha puesto el alquiler, recoger la comida, ducharse, poner la mesa, comer, echarse la siesta, dar un paseo, volver, tomar algo, salir a cenar, reírse, bailar, echar una cabezadita en el coche, quejarse del calor, dormir con una pierna en el suelo, levantarse a las 11 (o a las 12), hablar sobre la noche, ir a la playa, caminar hasta el restaurante, comer un arroz negro, un postre y un café, volver caminando, recoger, pensar en lo rápido que pasa el tiempo, en lo corta que es la vida, en lo poco que valoramos los momentos, en la suerte de estar rodeada de tus seres queridos, en la muerte y en la vida…

…e irse. 

Cada año lo mismo. 

No quiero volver a trabajar el lunes.